A Loyola de Palacio, una gran mujer, por Ana Pastor
Conocí a Loyola hace mucho tiempo, en Galicia, me la presentó Don Manuel Fraga. Nada será igual ya sin ella. Tengo que acostumbrarme a hablar de ella en pasado, por increíble que me parezca. Porque Loyola descansa ya en la tierra vasca que la vio crecer. No voy a ser capaz, en unas pocas líneas, de transmitir cómo era, qué pensaba, qué ha representado para el Partido Popular Loyola.
Sobre todo, y por encima de todo, era una muy buena persona. Lista, preparada, trabajadora, combativa…. no tenía pelos en la lengua. Era culta. La política fue su gran pasión y yo diría que su vida. Trabajó en nuestro partido desde abajo, desde la base (aunque por su formación y capacidad no tendría por qué haberlo hecho); tal vez por eso no entendía cómo hay quien da zancadas para subir siete escalones de golpe. Loyola, cuyos ojos emanaban inteligencia, vitalidad y frescura, la Loyola “de palabra”, ha librado una batalla contra un cáncer imprevisto, con valor y con ejemplo. Ese ejemplo en el que consistió su vida.
Una vida que ha transcurrido, en gran parte, en el Partido Popular. Loyola ha sido siempre del Partido Popular, es más, gran parte de lo que somos hoy se lo debemos todos a Loyola. Una muy joven Loyola fue la fundadora de Nuevas Generaciones y lo hizo desde el equilibrio y desde la claridad de ideas; una enérgica y joven Loyola peleó en el Parlamento desde la oposición; una Loyola plena y madura entendió como nadie a los agricultores, a las mariscadoras, a los pescadores, a todos, desde un Ministerio que parecía que estaba hecho a su medida.
Quiero recordar también a la Vicepresidenta y Comisaria Europea de Transportes y Energía, con su empuje, con sus ideas y con sus resultados. Loyola era una mujer sencilla en lo externo, sofisticada en lo intelectual y generosa con sus amigos, hasta con los que no lo eran. Era rebelde ante la injusticia mayor, que es la incomprensión. Formó parte de una generación de mujeres del Partido Popular que no necesitó de “cuotas”.
Se preocupaba más de todo y de todos que de ella misma, aunque era coqueta, muy coqueta a su manera. Era intuitiva y olía a distancia a los “trepas”. No se dejaba adular, hasta donde yo la conocí. Pero Loyola tenía otra gran pasión: sus hermanos y sus raíces (vascas). Era políglota, como lo es su hermana Ana. Tenía unas preciosas manos y un gran corazón que latía con las alegrías de sus amigos. Era atrevida en los riesgos físicos e intelectuales. No era rencorosa.
Me decía “en política hay que tener cabeza y corazón, es decir reflexión y acción”. He hablado con ella de casi todo: de Kyoto, de cuota láctea, de “cuotas”, de transporte aéreo, de la “cultura de los hombres”, de la pesca submarina, de lo duro de las mujeres en política,… Compartía sus ideas, las defendía con tal vehemencia, que era casi imposible resistirse. Siempre recordaré a la valiente, a la enérgica, a la Loyola sin miedo y sin complejos. A esa mujer que llenó la vida de los que tuvimos la suerte de compartirla con ella hasta su último aliento. A la Loyola ligera de equipaje: “mi despacho lo tengo lleno de cajas, siempre hay que tener las cajas preparadas”. A la Loyola libre de espíritu. Querida amiga, querida compañera de partido, nunca te olvidaremos. Ya nada será lo mismo en el Partido Popular sin ti.
Ana Pastor es Secretaria Ejecutiva de Política Social del PP
Artículo publicado en el diario Expansión el 15 de diciembre de 2006

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