A bote pronto empiezo a escribir este comentario, para desarrollar en él los elementos que concluyan que la figura jurídica correspondiente a la aplicación de la prisión atenuada a De Juana es, “de facto”, un crimen de alta traición.

Difícil tarea la que me impondría si quisiera buscar el rigor del jurista que no soy.

Menos dificultosa la labor de llegar a aquella conclusión desde la óptica “hombre de la calle”. Basta un análisis somero, basado en el sentido común, buscando en el mismo los elementos que demuestran la traición a la soberanía, a la seguridad o a la independencia del Estado, que la tipifican como “alta”.

La decisión de Zapatero, que no de Rubalcaba, de otorgar la “libertad atenuada”, que no la prisión atenuada, al terrorista asesino De Juana, es calificada como crimen de “alta traición”, entre otros, por ilustres comentaristas políticos como Alejo Vidal-Quadras, Pío Moa o José Manuel de Prada. Ellos avalan que la tésis que voy a desarrollar se basa en realidades y no en una más o menos afortunada hipótesis.

Podrían disociarse los términos “soberanía”, “seguridad” e “independencia”, todos ellos referidos al Estado. Atentar contra una cualquiera de las tres características que coinciden en un Estado de derecho, sería suficiente para aceptar el uso del término “alta traición”.

Sin embargo, la traición que conlleva la decisión gubernamental atenta, conjuntamente, a esas tres cualidades preservadas por todo Estado de derecho.

Cualquier negocio se inicia con una fase de discusión o diálogo y, en su caso, se finaliza con la conclusión de un acuerdo para establecer el precio del bien, o del servicio, objeto de la transacción.

Sin manifestarlo a sus genuinos propietarios, todos los españoles, se pone en venta la soberanía nacional. Sin temor a equivocarse y con todos los agravantes, se atenta contra la seguridad de los españoles. Y se vislumbra que se negocia, en mayor o menor medida, la independencia del indivisible territorio nacional.

La “libertad atenuada” para De Juana es parte del precio que Zapatero paga para intentar seguir gobernando. Espera Zapatero que la ETA haga una próxima declaración sobre “el alto el fuego” que le permita aparecer como un artesano de la Paz.

La soberanía de Vascongadas, pasando por el referendo sobre la autodeterminación y la incorporación de Navarra a sus pretensiones territoriales, es la parte del precio anunciado por ETA.

Al otorgar la “libertad atenuada” concedida a De Juana, Zapatero pone en su casa a un asesino-terrorista, despiadado y lleno de rencor, que no ha renunciado a ninguno de sus postulados. Todo terrorista es un peligro para la seguridad del Estado. Por ese mero hecho debe de privarsele de libertad. De Juana no ha dejado de pertenecer a ETA. Un terrorista confeso no puede permanecer en libertad.

La interpretación hecha por los portavoces del Gobierno y del PSOE, así como por la prensa afín, sobre la legalidad de la prerrogativa gubernamental para conceder el grado acordado es un burdo engaño a los españoles, que ven en la misma el deseo de justificar lo injustificable.

Parangonar lo parangonable.

El parangonar las ventajas penitenciarias a presos etarras durante el gobierno del Presidente Aznar con lo acontecido en el caso De Juana es mezquino e infame.

Los asesinos etarras desafiaron a España y secuestraron y asesinaron a un inocente. No hubo piedad, no escucharon el clamor de los pueblos y de los dignatarios de toda índole y origen y, como alimañas sedientas de sangre, acabaron con la vida de Miguel Angel Blanco. Pusieron precio a esa vida y el gobierno de España no cedió, España entera dijo que no a los asesinos. Dos tiros en la nuca. Un ser inocente muerto. Una ira contenida y mucha pena. De esa tragedia nace una esperanza, un nuevo espíritu mueve a la sociedad española. Todos unidos y fuertes contra el terrorismo nos acercamos a su derrota.

Años más tarde, ahora, los asesinos etarras desafian a España. Saben que el Gobierno, presidido por un débil, es débil. Negocian la independencia del País Vasco y la anexión de Navarra. Amedrentan con un “accidente” en la T-4 de Madrid-Barajas. Dos inocentes muertos. El monstruo De Juana hace el paripé de una huelga de hambre. El sólo pone en peligro (¿) su vida. Hay que salvarlo por parte del Gobierno de España. Medida humanitaria al canto. De nuevo el pueblo español vuelve a experimentar la ira contenida y la pena de ver que este gobierno ha cedido ante los “accidentes” de ETA, porque los débiles piensan que así se gana la paz.

Hoy todos lloramos por el sacrificio inútil de tantos y tantos muertos.

Juan Rodríguez-Villa
Presidente PP de España en Bélgica
Miembro del Comité Ejecutivo Nacional