A continuación reproducimos el artículo del ex-Presidente de la Junta Gestora de Nuevas Generaciones Bélgica sobre la actividad de “Nuevas” durante el curso pasado.

carlos.JPGCarlos Pérez-Bañuls
Cuando echo la vista atrás y pienso en esos apasionantes meses que pasé en compañía de las Nuevas Generaciones en Bruselas no tengo mas que palabras de agradecimiento.

Agradecimiento por todo lo que aprendí, tanto de los mayores como de los que al igual que yo acabábamos de llegar.

Por otro lado un sentimiento de alegría me recorre al recordar aquellas memorables tardes en el “Coach” hablando de proyectos, planes, debates y conferencias. Pero también hablando de lo que más nos gustaba: la política en el sentido más amplio de la palabra. Cuantas buenas ideas salieron, que de buenas críticas hicimos, cuanto respeto y ganas de escuchar a los demás, cuantas lecturas de artículos interesantes y de ensayos de eminencias en economía, educación…

Un momento cálido fue la tarde en la que estuvimos con José María Aznar. Nunca olvidaré aquel momento. Fue la primera vez que vi nervioso al aún por entonces presidente de las Nuevas Generaciones de Bélgica, Alejandro Sánchez, que en seguida se soltó y empezó a hablar con la naturalidad y desparpajo que le caracterizan.

Y aquellas cenas-debate, en el centro asturiano, con sus inolvidables paellas y su inconfundible camarero, en las que avezados políticos, como por ejemplo Carlos Iturgaiz, Jaime Mayor Oreja o Pilar del Castillo, respondían sin ningún problema a todas las inquietudes intelectuales que invadían nuestra mente. Con que naturalidad nos trataban. Se podía hablar con ellos de todo y de nada. Nos enseñaron que para ser un buen político antes hay que ser mejor persona.

Todo esto ya había empezado años atrás gracias a otros jóvenes como Alejandro Sánchez, Rodrigo Ballester, Oscar Arias o Ernesto Abarca entre otros, que como nosotros tenían muchísimas ganas. Pero con el paso del tiempo todo eso parecía destinado a desaparecer porque no llegaba el relevo, hasta que en ese momento el azar, que es así de caprichoso, quiso que tres jóvenes (Agustín Ruiz, Javier Muñoz y yo) nos encantáramos por casualidad en una biblioteca para que todo eso pudiera continuar, y en poco tiempo de tres pasamos a ser muchos más: Jorge Romero, Eva Larrañaga, Blanca, Adrián y un largo etcétera. Fue así como empezó nuestra andadura y los hechos se sucedieron como lo acabo de contar.

Por último, y para mí lo más importante, es que todo esto estuvo siempre rodeado de un clima de compañerismo y amistad como jamás había visto, eso es lo mejor de todo. Y es que sin duda, lo que nunca olvidaré serán las amistades que allí hice.

Gracias por todo